Empieza por cómo reacciona tu cabello al cuidado: si está seco y áspero o si más bien se engrasa en la raíz. Para lavarlo, elige un champú sin sulfatos que limpie con suavidad y ayude a mantener el color, y para nutrirlo, una mascarilla o un acondicionador de textura cremosa. Si el cabello es de alta porosidad y se encrespa, te ayudará un aceite o un sérum que envuelva la fibra. Para la protección diaria frente al secador y la plancha, recurre a un producto termoprotector y, por la noche, valora un tónico o una ampolla para el cuero cabelludo. Por último, ajusta el momento: las mascarillas y los aceites se aplican antes o después del lavado, y las brumas y los sérums sin aclarado sobre el cabello húmedo.